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POESIA DE LA ILUMINACION

POESIA DE LA ILUMINACIÓN: Os comparto este poema de Han Shan Te Ch’ing (1546-1623), maestro Zen realizado.

«CONTEMPLANDO LA MENTE»
Observa el cuerpo como irreal,
una imagen en el espejo, el reflejo de la luna en el agua.
Contempla la mente como sin forma,
brillante y pura a la vez.

No surge ni un simple pensamiento.
Vacía, pero percibiendo. Quieto, pero Iluminando.
Completa como la Gran Vacuidad.
Conteniendo todo lo que es asombroso.

Ni yendo ni viniendo,
sin apariencias ni características.
Incontables medios hábiles
surgen de la mente.

Atentamente, contempla la mente,
vacía, desprovista de todo objeto.
Si una emoción surge repentinamente,
caerás en la confusión.

Si nada surge en la mente,
nada se manifestará en su interior.
Aquello que tiene características
no es la realidad.

Si puedes ver cómo surge un pensamiento,
esta consciencia lo destruirá inmediatamente.
Cualquier estado de la mente que surja,
déjalo pasar, olvídalo.

Recitar mantras o contemplar la mente
son hierbas para pulir el espejo.
Cuando el polvo es eliminado,
ya no son necesarias.

No necesitas buscar lo real,
la mente originalmente es pura.
Lo familiar se convierte en remoto,
lo extraño se vuelve familiar.

Dia y noche,
rodo es majestuoso.
Nada que encuentres te confunde,
esta es la esencia de la mente.

#mindfulness #meditacion #cienciascontemplativas #mistica #compasion #aceptación


SONIDOS PARA TODOS LOS DIAS

«Camina como si estuvieras besando la tierra con tus pies.»

“Bebe tu té lentamente y con reverencia, como si fuera el eje sobre el que gira la Tierra. Bébelo poco a poco, serenamente, sin correr hacia el futuro. Vive el momento presente. Sólo este momento es la vida.»

«Si tocas una cosa con conciencia profunda, tocas todo.»

“La conciencia es como el sol, cuando brilla sobre las cosas, éstas se transforman.”

«Medita hasta que desaparezca cada reproche y cada odio, y la compasión y el amor inunden tu corazón como un pozo de agua fresca.»

«La cantidad de felicidad que tienes en tu vida depende de la cantidad de libertad que tienes en tu corazón.»

«Ojalá el jardín de tu corazón despierte con cientos de flores.»

«Haremos la paz con nuestra capacidad para sonreír, respirar y ser paz.»

«Con tu sonrisa, haces el mundo más bello.»

(Thich Nhat Hanh)



HOY…

H O Y :

Suelto y libero todo apego negativo.
Suelto y libero falsas creencias.
Suelto y libero memorias que me limitan.
Suelto y libero la frustración.
Suelto y libero la idea de complacer a los demás.
Suelto y libero la necesidad de tener la razón.
Suelto y libero la ira.
Suelto y libero el temor a avanzar.
Suelto y libero el estancamiento en todas mis áreas.
Suelto y libero memorias dolorosas.
Suelto y libero la creencia de que existe la enfermedad.
Suelto y libero mi zona de confort.
Suelto y libero el resentimiento.
Suelto y libero el orgullo.
Suelto y libero programaciones heredadas de mis ancestros.
Suelto y libero a mi pasado.
Suelto y libero las preocupaciones.
Confío en mí, se que todo es maravilloso.
Confío en que todo está y estará mejor.
Confío en que tengo salud, abundancia y mucha prosperidad.
Confío en las decisiones de mi ser superior.
Confío en mis propias decisiones.
Confío en mi mism@ y en mi poderoso poder llamado Amor…

Encontrado en la red-


UNA DULCE LECCIÓN DE PACIENCIA

Para reflexionar….Tendrás paciencia para leerlo…?

Cuentan que un taxista de Nueva York llegó a la dirección y tocó el claxon. Después de esperar unos minutos volvió a tocar el claxon. Como esa iba a ser la última carrera de su turno, pensó en marcharse, pero en su lugar, estacionó el automóvil y caminó hacia la puerta y llamó… «Un minuto», respondió una fragil voz de anciana. El taxista oyó algo que se arrastraba a través de la puerta.

Después de una larga pausa, la puerta se abrió. Una pequeña mujer de unos 90 años estaba de pie ante el taxista. Llevaba un vestido estampado y un sombrero con un pequeño velo, como alguien sacado de las películas de los años 40.

A su lado había una pequeña maleta de nylon. El apartamento parecía que no había sido habitado durante años. Los muebles estaban cubiertos con sábanas.

No había relojes en las paredes, ni utensilio en los mostradores. En el rincón había una caja de cartón llena de fotos y cristalería.

«¿Sería tan amable de llevarme la maleta al coche?», dijo. El taxista llevó la maleta al taxi y regresó para ayudar a la anciana.

Ella se agarró a su brazo y lentamente caminaron hacia la acera.

La anciana no paraba de agradecer la amabilidad del taxista. «No es nada», le dijo «Solo intento tratar a mis clientes del modo en que me gustaría que trataran a mi madre».

«Oh, usted es un buen muchacho», dijo ella. Cuando se metieron en el taxi, ella le dio una dirección y entonces le preguntó al taxista: «¿Le importaría llevarme por el centro?»

«No es el camino más corto», respondió rápidamente el taxista.

«Oh, no me importa», dijo ella, «No tengo ninguna prisa. Voy de camino a un asilo».

El taxista miró por el retrovisor. Los ojos de la anciana brillaban. «No me queda familia ninguna», prosiguió con una suave voz. «El médico dice que no me queda mucho tiempo.» El taxista extendió el brazo lentamente y paró el taxímetro.

«¿Qué ruta quiere que tome?», preguntó.

Durante las siguientes dos horas, dieron vueltas por la ciudad. Ella le enseñó al taxista el edificio donde años atrás había trabajado de ascensorista.

Pasaron por el barrio donde ella y su esposo había vivido de recién casados. La anciana le hizo parar frente a un almacén de muebles que una vez había sido un salón de baile en el que ella había bailado de niña.

Algunas veces, la anciana le pedía que aminorara la marcha enfrente de algún edificio o esquina en concreto y se quedaba mirando fijamente en la oscuridad sin decir nada.

Cuando el primer esbozo de los rayos de sol aparecían por el horizonte, ella dijo de repente: «Estoy cansada. Vámonos ya».

El taxista condujo en silencio hacia la dirección que ella le había dado. Era una edificio bajo, como un pequeño sanatorio, con una camino de entrada que pasaba por debajo de un pórtico.

Dos camilleros salieron tan pronto como paramos. Eran solícitos y resueltos, observando cada movimiento de ella. Debían de haber estado esperándola.

El taxista abrió el maletero y llevó la maletita hasta la puerta. La mujer ya estaba sentada en una silla de ruedas.

«¿Qué le debo?», preguntó buscando en el monedero.

«Nada», dijo el taxista.

«Por favor, tiene que ganarse la vida», respondió ella.

«Hay más clientes», respondió el taxista.

Casi sin pensar, el taxista se inclinó y le dio un abrazo. Ella se abrazó a el fuertemente.

«Usted ha dado a una vieja un pequeño momento de alegría», dijo ella. «Gracias».

El taxista caminó hacia la tenue luz de la mañana… Detrás de él se cerró una puerta. Fue el sonido del cierre de una vida.

El taxista no recogió ningún cliente más en aquel turno. Condujo sin dirección alguna sumido en sus pensamientos. Durante el resto de aquel día, apenas pudo hablar. ¿Qué hubiera ocurrido si a aquella señora le hubiese tocado un taxista furioso o impaciente por terminar el turno? ¿Qué hubiera ocurrido si él se hubiera negado a hacer la carrera o si solo hubiese tocado el claxon una vez y se hubiera marchado?

Entonces pensó que no había hecho nada más importante que aquello en su vida.

Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas giran alrededor de grandes momentos.

Pero los grandes momentos muchas veces nos pillan desprevenidos y por sorpresa, envueltos maravillosamente en lo que otras personas considerarían un momento sin importancia.

Desconozco el autor.
💗💗💗


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