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VIVIR EN ALTAS VIBRACIONES  TE AYUDA A PROTEGERTE Y A PROTEGERNOS MAS DEL VIRUS COVID-19

En este momento de cambio para la Humanidad, una buena estrategia es practicar la meditación. Puedes practicarla en cualquiera de sus formas y durante lo que estemos haciendo, con consciencia de la respiración,  momento a momento, en silencio y, acudiendo a la Morada del Ser, en lo mas íntimo de cada uno, como un servicio o acompañamiento a la humanidad. Una gratitud por cada inspiración de aire puro que se nos da y en lo individual un aumento vibratorio que nos protege y hace crecer.

Puedes destinar sesiones de meditación de 20 a 30 minutos, 2 a 3 tres al día,  ya que, tiempo hay para aprovechar….cada cual según pueda….servir, aceptar, acompañar, abrazar, soltar, agradecer y, de esa manera, lograr aumentar tu  vibración.

 

Si, aumentando tu vibración desde la meditación e invitando o acompañando en dicho camino vía on line a otras personas que les pueda interesar aumentar su vibración sumandose cada uno desde su casa, desde su rincon, desde su verdadero espacio, en una hora y tiempo determinado.

Esto se conoce y por ello quiero compartir a continuación unos datos muy interesantes con quien pueda estar interesado:

 

Como cualquier otro virus, (COVID-19) tiene una baja vibración, con una estructura cerrada de circuito electromagnético, con una frecuencia de resonancia de aproximadamente 5,5 Hz – 14,5 Hz. En las gamas más altas no está activo y, a partir de las gamas de 25,5 Hz y superiores, el virus muere….

Para una persona que vive en altas vibraciones, es decir, en el Alma, no es más peligrosa que las infecciones respiratorias agudas, porque el cuerpo de un hombre sano «vibra» en las gamas más altas. Sólo ocasionalmente, por varias razones, se desliza en vibraciones más bajas.

Las razones de esto pueden ser varios trastornos en el balance energético … (fatiga, agotamiento emocional, hipotermia, enfermedades crónicas, tensión nerviosa, etc.) ….
El virus en la naturaleza, fuera del cuerpo, no es resistente …

La resonancia de frecuencia media total de la Tierra es hoy de 27,4 Hz, y, por lo tanto, sería destructiva para el virus, pero hay lugares donde esta frecuencia se reduce, es decir, zonas geopáticas creadas natural o artificialmente … (hospitales, prisiones, Líneas eléctricas, metro y vehículos eléctricos públicos, centros comerciales, oficinas, locales para beber, etc.) Donde las vibraciones caen a niveles inferiores a 20 Hz .

 

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PARA HUMANOS DE BAJA VIBRACIÓN ESTE VIRUS ES PELIGROSO…

DOLOR – de 0,1 a 2 Hz;

 

MIEDO – de 0,2 a 2,2 Hz

 

RESENTIMIENTO – de 0,6 a 3,3 Hz

 

IRRITACIÓN – de 0,9 a 3,8 Hz;

 

TRASTORNO – de 0,6 a 1,9 Hz;

 

ALTA TEMPERATURA – 0,9 Hz;

 

ARRANQUE DE FURIA – 0,5 Hz,

 

RABIA – 1,4 Hz;

 

ORGULLO – 0,8 Hz;

 

ORGULLO (megalomanía) – 3,1 Hz;

 

ABANDONO – 1,5 Hz;

 

SUPERIORIDAD – 1,9 Hz;

En cambio..

GENEROSIDAD – 95 Hz;

 

GRATITUD (gracias) – 45 Hz;

 

GRATITUD DE CORAZÓN – de 140 Hz y más;

 

SENTIDO DE UNIDAD CON OTRAS PERSONAS – 144 Hz y más;

 

COMPASIÓN – de 150 Hz y más (pero la piedad es sólo 3 Hz);

 

AMOR (como se suele decir con la cabeza), es decir, cuando una persona entiende que el amor es un sentimiento bueno, luminoso y de gran fuerza, pero todavía no ha aprendido a amar con el corazón, la vibración – 50 Hz;

 

EL AMOR que una persona siente con su corazón hacia todas las personas sin excepción y todos los seres vivos – desde 150 Hz y más;

 

AMOR INCONDICIONAL – de 205 Hz y más.

Durante milenios, la frecuencia de nuestro planeta ha sido de 7,6 Hz. Los físicos la llaman la resonancia de Schumann y es debido al golpe generado por los rayos en el espacio entre la tierra y la ionosfera, que hace de guía de onda y resonador.

El hombre se sentía cómodo en estas condiciones, ya que la frecuencia de vibración de su campo de energía tenía los mismos parámetros – 7,6 – 7,8 Hz.

Sin embargo, la frecuencia de Schumann ha empezado a aumentar rápidamente. Seguimos la dinámica:

Enero 1995 – 7,80 Hz, Enero 2000 – 9,30 Hz, Enero 2007 – 9,80 Hz, Enero 2012 – 11,10 Hz, Enero 2013 – 13,74 Hz, Enero 2014 – 14,86 Hz Febrero 2014 – 14,99 Hz; Marzo 2014 – 15,07 Hz; Abril 2014 – 15,15 Hz.

(Llegamos a 170hz en 2020)

Aunque consideremos la situación desde el punto de vista científico, se hace evidente que una persona que no aumenta sus vibraciones pronto dejará el plano terrestre de una manera u otra, y ni las altas esferas sociales, ni el capital acumulado le ayudarán…

¡Así que no debemos tener miedo!

Puedes aumentar las vibraciones trabajando contigo mismo y estimulando comportamientos de unidad y amor conscientes…

P.D. Cualquier emoción negativa cierra el acceso a la consciencia.

 

 

Feliz meditación y mis mejores deseos para tod@s.

 


REFLEXIÓN SOBRE LA VIDA

Antonio Marazuela LLorente nos describe y nos acompaña en la comprensión con gran sencillez de la experiencia pico-emocional que muchos de nosotros podemos sentir, vivir en situaciones como la que ahora nos está tocando vivir con este aislamiento forzoso a cuenta del vovid-19.

REFLEXIÓN SOBRE LA VIDA




LO DIFÍCIL NO ES MEDITAR, SINO QUERER MEDITAR

Pablo D,ors nos lo explica de una manera simple y sencilla donde encontramos la dificultad y, donde o hacia dónde tenemos que mirar cada un@, desde la perspectiva del humor para vivir de una forma sana, en paz.

Meditar es sencillo, lo difícil es querer meditar


EN TUS RELACIONES…

Sadhguru nos recomienda en nuestras diferentes relaciones que nos convirtamos en una fuente de alegría por si mismos y que basemos nuestras relaciones en compartir nuestra alegría, no en exprimir la alegría de alguien.

EN TUS RELACIONES…


BENDICE TODO CON TU MIRADA

Se dice que los monjes iluminados, bendicen todo lo que ven… Tú puedes hacer este ejercicio: durante todo el día, bendice lo que veas, sean seres vivientes o cosas. Cuando se logra transformar la mirada en bendición constante se llega a la mirada mágica.

Esta mirada dice: “Cuando te miro no te poseo, no te critico, no te juzgo, no voy a pedirte nada ni a darte nada, sólo me comunico contigo. ¿Tienes necesidad de mí?. ¡Aquí yo no estoy, pero sí está el Ser esencial!” No hay nada personal en esta mirada. El que mira y el mirado se comunican de alma a alma.

Si de esta manera miras a la gente que conoces o aquellas con las que te debes relacionar, tu vida cambiará.

Ve a tu hogar y mira a todos los objetos con los cuales convives, mira todos los recuerdos que encierran, mira a todos tus familiares, y por sobre todo, mira la mirada que tienen, y constata hasta que punto sus ojos ven y cuáles son sus límites… Ponte en su lugar, trata de comprenderlos y aceptar que sufren.

Cualquier tipo de mirada que no sea mágica, nos sumerge en el sufrimiento… No te preocupes si descubres en sus miradas sentimientos agresivos. Si te has liberado del ego artificial, sabrás transformar las agresiones en manifestaciones de amor.

Hay miradas que son muros que encierran a las mentes en calabozos. Cuando tu mirada se abre,otorga a los prisioneros una luz de libertad.

Leido en la red, desconozco el autor.


CLAVES PARA ENTRENAR LA MENTE

En este vídeo Mario Alonso Puug nos facilita claves para entrenar la mente de forma más eficiente

Pincha en el siguiente link:

CLAVES PARA ENTRENAR LA MENTE



JON KABAT ZINN EXPLICA POR QUE LA MEDITACION NO ES LO QUE CREES

Ante la expansión de la práctica del mindfulness, la confusión acerca de lo que es y lo que no es ha crecido a un ritmo muy similar. Reconocido como “el padre del mindfulness”, Jon Kabat-Zinn explica con detalle su sentido y razón de ser en La meditación no es lo que crees. Por qué el mindfulness es tan importante.

Al mismo tiempo, con esta lectura de un capítulo del libro saldremos de equívocos y podremos comprender con mayor exactitud que el mindfulness es más mucho más que una simple “técnica de relajación”.

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Convendría empezar aclarando algunos malentendidos muy habituales sobre la meditación. En primer lugar, la meditación no es una técnica ni una colección de técnicas, sino una forma de ser.

Repitámoslo una vez más, la meditación no es una técnica, sino una forma de ser.

Con ello, claro está, no estamos diciendo que no existan métodos y técnicas relacionados con la práctica de la meditación, porque ciertamente nos serviremos de algunos de ellos. Pero si no entendemos que las técnicas son vehículos orientadores que apuntan a formas de ser, a modos de ser de nuestra mente y de nuestra experiencia en el momento presente, nos perderemos con facilidad en las técnicas y en los desencaminados, aunque comprensibles, intentos de utilizarlas para llegar a alguna parte y experimentar algún resultado o estado especial que acabaremos considerando como su objetivo. Pero esta manera de entender las cosas, como veremos, puede llegar a obstaculizar muy seriamente nuestra comprensión de la riqueza de la práctica de la meditación y de lo que esta tiene que ofrecernos. Convendrá, pues, recordar que, por encima de todo, la meditación es una forma de ser o, si el lector lo prefiere, una forma de ver, una forma de percibir y hasta una forma de amar.

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En segundo lugar, la meditación no es otro modo de hablar de la relajación.

Repitámoslo de nuevo: la meditación no es otro modo de hablar de la relajación. Con ello no quiero decir que la meditación no vaya acompañada con frecuencia de estados profundos de relajación y de sensaciones de bienestar, porque eso es obviamente lo que, en ocasiones, sucede. La meditación mindfulness consiste en abrazar todos y cada uno de los estados que emergen en nuestra conciencia, sin inclinarnos por uno en desmedro de los demás.

Desde el punto de vista de la práctica del mindfulness, el dolor, la angustia y hasta el aburrimiento, la impaciencia, la frustración, la ansiedad y la tensión corporal son objetos igualmente válidos de nuestra práctica si les prestamos atención en el mismo momento en que aparecen.

Cada uno de ellos nos proporciona, a fin de cuentas, una ocasión para la comprensión y el aprendizaje y, en última instancia, para la liberación. No deberíamos, pues, considerar los estados que no vayan acompañados de relajación o beatitud como pruebas de una práctica meditativa «equivocada».

Bien podríamos decir que la meditación es una forma de ser adaptada a las circunstancias en que nos hallamos en todos y cada uno de los instantes de nuestra vida. Si estamos atrapados en nuestra propia actividad mental, no podremos estar presentes de la manera adecuada e incluso, quizás, no podamos estar presentes en modo alguno. Nos demos o no cuenta de ello, nuestras agendas ocultas tiñen todo lo que hacemos.

Con ello no pretendo decir que, cuando estemos atentos, desaparecerán todos los contenidos –a veces caóticos, turbulentos, dolorosos o confusos– que revolotean de manera natural por nuestra mente. Esa es, en ocasiones, la naturaleza de nuestra mente y de nuestra vida. Sin embargo, no debemos dejarnos atrapar por esas cosas ni permitir que distorsionen nuestra capacidad de registrar el abanico completo de lo que ocurre y lo que ello exige de nosotros, ni que distorsionen nuestra percepción hasta el punto de ignorar lo que realmente ocurre y lo que, al respecto, debemos hacer.

El rasgo distintivo de esa modalidad de ser a la que llamamos meditación es el no apego y, en consecuencia, la percepción clara y la predisposición a responder de forma adecuada a cualquier circunstancia que se nos presente.

No es de extrañar que quienes tan solo conocen la meditación a través de lo que dicen los medios de comunicación crean que básicamente es una forma de manipulación interna que se asemeja a pulsar una especie de interruptor cerebral orientado a dejar la mente en blanco. Esa perspectiva cree que poner fin al pensamiento implica poner fin a las preocupaciones y verse mágicamente catapultado al estado «meditativo», el cual siempre imaginan como un estado de relajación, paz, calma y comprensión profundas que erróneamente asocian al concepto de nirvana.

Pero esta visión, por más comprensible que pueda parecer, está muy equivocada, porque la práctica de la meditación puede perfectamente estar saturada de pensamientos, preocupaciones, deseos y cualquier otro de los estados y aflicciones mentales que afectan a los seres humanos. Lo importante no es el contenido de la experiencia, sino la conciencia de ese contenido y, aún más, la conciencia de los factores que promueven su desarrollo y el modo en que nos liberan o encadenan instante tras instante y año tras año. Así pues, seamos claros al respecto, no existe un «estado de atención» que debamos obtener o alcanzar, porque cualquier situación o condición en que nos hallemos en cualquier momento -incluidos el odio, el miedo o la tristeza– pueden ser abarcadas en la conciencia y, de ese modo, pueden ser vistas, abordadas, conocidas y aceptadas como parte de la realidad del ahora.

No existe la menor duda de que la meditación puede conducir a la relajación, la paz, la calma, la intuición, la sabiduría y la compasión profunda y de que el término nirvana no es tan solo el nombre de una loción para después del afeitado, de un hermoso yate o de cualquier cosa que podamos pensar (porque la historia completa jamás se agota en lo que uno pueda pensar al respecto), sino que se refiere a una dimensión muy importante y verificable de la experiencia humana.[1] Este es, precisamente, uno de los misterios y atractivos de la meditación. Pero hay veces en que incluso los meditadores avanzados olvidan que la meditación no tiene nada que ver con el logro de algo especial y se esfuerzan en alcanzar un determinado resultado que satisfaga sus deseos y expectativas. Y es que, por más claro que lo tengamos, hay veces en que esa noción puede presentarse y, en esos momentos, debemos «recordar» la necesidad de abandonar esos conceptos y deseos y tratarlos como a cualquier otro pensamiento que aparezca en nuestra mente, recordar la necesidad de no aferrarnos a nada y quizás advertir incluso que se trata de construcciones esencialmente vacías de lo que podríamos llamar la mente deseante.

Otro error muy común consiste en considerar que la meditación es una herramienta para controlar o tener determinados pensamientos. Y, aunque esta noción encierre una cierta verdad, en el sentido de que hay formas concretas de meditación discursiva que apuntan al cultivo de cualidades concretas (como la bondad y la ecuanimidad) y de emociones positivas (como la alegría y la compasión), nuestras expectativas acerca de la meditación suelen obstaculizar la puesta en práctica de lo que más necesitamos e impedirnos experimentar el momento presente tal cual es, en lugar del modo en que queremos verlo, con la mente y el corazón abiertos.

Jon Kabat-Zinn.

JON KABAT-ZINN.

Porque la meditación –y, muy especialmente, la meditación mindfulness– no tiene nada que ver con pulsar un interruptor que nos catapulte a otro lugar, que nos despoje de determinados pensamientos y nos ayude a cultivar otros, ni con poner la mente en blanco o permanecer tranquilos y relajados.

La meditación es, en realidad, un gesto interno que permite que nuestro corazón y nuestra mente (considerados como una totalidad inconsútil) cobren conciencia del espectro completo del mo- mento presente tal cual es, aceptando todo lo que se presente por el simple hecho de que está sucediendo, en una actitud interna que la psicoterapia ha calificado como «aceptación incondicional». Y debo decir que se trata de algo muy difícil, sobre todo en el caso de que lo que ocurra no concuerde con nuestras expectativas, deseos y fantasías, que parecen ser inagotables y pueden, aunque sea de un modo muy sutil y casi imperceptible, llegar a teñirlo todo, en especial en lo que se refiere a la práctica de la meditación y a cuestiones relacionadas con el «progreso» y el «logro».

La meditación no tiene nada que ver con tratar de llegar a un determinado lugar, sino con permitirnos estar precisamente donde estemos tal y como estemos y que, en ese mismo instante, el mundo sea también exactamente tal cual es.

Y esto no resulta nada sencillo porque, mientras permanezcamos dentro del ámbito del pensamiento, siempre encontraremos defectos. Por ello la mente y el cuerpo se resisten tanto a aceptar, aunque solo sea de forma provisional, las cosas tal como son. Y esta resistencia quizás sea todavía mayor cuando meditamos porque, en tal caso, albergamos la esperanza de que la meditación nos ayude a cambiar las cosas y a mejorar nuestra vida, y contribuya también a cambiar el mundo.

Con ello no estamos negando la importancia de la aspiración a cambiar las cosas, mejorar la vida y transformar el mundo. De hecho, todas ellas son posibilidades muy reales porque, al meditar, sentarnos y permanecer en silencio, podemos transformarnos a nosotros mismos y al mundo y, en cierta manera –pequeña pero no, por ello, insignificante–, todos esos cambios están ya teniendo lugar.

Lo paradójico es que solo podemos cambiarnos a nosotros mismos y al mundo si salimos, aunque solo sea unos instantes, de nosotros mismos y permitimos que las cosas sean tal como son, sin perseguir nada, especialmente aquellos objetivos que son el mero producto de nuestro pensamiento.

Einstein lo dijo de una manera muy convincente: «La mente que crea los problemas es incapaz de encontrar una solución válida a esos mismos problemas», lo que significa que debemos desarrollar y ejercitar nuestra mente y sus capacidades para ver, conocer, reconocer y trascender los motivos, conceptos y hábitos inconscientes que puedan haber generado los problemas en que nos hallamos inmersos. Y todo ello requiere de una mente que tenga una motivación diferente y vea y conozca de un modo nuevo o, dicho de otra manera, de nuestra mente intacta, original y no condicionada.

¿Cómo podemos hacer esto? Precisamente saliendo, aunque solo sea durante unos instantes, de nuestro camino, saliendo de los cauces habituales del pensamiento y sentándonos a descansar en las cosas tal como son más allá de nuestros pensamientos o, como Soen Sa Nim solía decir, «antes de pensar en ellas». Y ello significa permanecer durante unos instantes en lo que es y confiar, aunque carezca de sentido para nuestra mente pensante, en lo más profundo y mejor de nosotros mismos.

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Uno es mucho más que la suma de sus pensamientos, ideas y opiniones, incluido lo que digan sus pensamientos acerca de quién es, de lo qué es el mundo y de las historias y explicaciones que ahora mismo nos contemos al respecto.

Y, para ello, es preciso descansar en la experiencia desnuda del momento presente, es decir, descansar en las mismas cualidades que pretendemos cultivar. Todas esas cualidades dimanan de la conciencia y es precisamente a ella a donde volvemos cuando dejamos de esforzarnos en llegar a alguna parte, cuando no pretendemos tener ninguna sensación especial y cuando nos permitimos estar donde estamos y experimentar lo que estemos experimentando. La conciencia es, al mismo tiempo, el maestro, el discípulo y la lección que debemos aprender.

Cualquier estado mental es, desde el punto de vista de la conciencia, un estado meditativo. Por ello, en este sentido, la ira y la tristeza son tan interesantes y valiosas como el entusiasmo o el gozo y mucho más, por cierto, que la mente en blanco o que la mente que ha perdido el contacto, es decir, la mente desconectada de los sentidos. Todos los estados mentales y corporales, desde la ira hasta el miedo, el terror, la tristeza, el resentimiento, el entusiasmo, el gozo, la confusión, el disgusto, el desprecio, la ansiedad, la envidia, la rabia e, incluso, el embotamiento, la duda y la apatía, son verdaderas ocasiones para conocernos mejor a nosotros mismos, siempre y cuando podamos detenernos, mirar y oír o, dicho en otras palabras, siempre y cuando volvamos a los sentidos y establezcamos contacto inmediato con lo que, en todos y cada uno de los instantes, se halle presente en nuestra conciencia. Lo curioso, por más absurdo que pueda parecernos, es que baste precisamente con eso y que perfectamente podemos renunciar a todo esfuerzo para que las cosas discurran de un modo especial. Tal vez entonces nos demos cuenta de que siempre está ocurriendo algo muy especial, es decir, de que la vida siempre está desplegándose, instante tras instante, como conciencia.

Notas

  1. [1] El término significa, de hecho, «extinguido», como el fuego que se ha agotado. Cuando lo que pensamos que somos y nuestros deseos se han agotado completamente o, dicho con otras palabras, cuando dejan de surgir, eso es el nirvana.