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DEJAR IR

Dejar ir» no significa dejar de cuidar, significa que no puedo hacerlo por otra persona.

«Dejar ir» no es aislarme, es darse cuenta que no puedo controlar a otro.

«Dejar ir» no es permitir, sino reconocer el aprendizaje de las consecuencias naturales.

«Dejar ir» es admitir la impotencia, que significa que el resultado no esta en mis manos.

«Dejar ir» no es tratar de cambiar o culpar a otro, es sacar lo máximo de mi mism@.

«Dejar ir» no es cuidar, sino atender.

«Dejar ir» no es reparar, sino ser de apoyo.

«Dejar ir» no es juzgar, sino permitirle a otro que sea un ser humano.

«Dejar ir» no es estar en el medio arreglando todos los resultados, sino permitir a otros que influyan en sus propios destinos.

«Dejar ir» no es ser protector, es permitir a otro que enfrente la realidad.

«Dejar ir» no es negar, sino aceptar.

«Dejar ir» no es regañar, reprender o discutir, sino buscar mis propios defectos y corregirlos.

«Dejar ir» no es ajustar todo a mis deseos, sino tomar cada día como viene y apreciarme a mi mismo en el.

«Dejar ir» no es lamentar el pasado, sino crecer y vivir para el futuro.

«Dejar ir» es temer menos y Amar mas.

Louise Hay
EL PODER ESTA EN TÍ


TEMÍA…

Temía estar solo…hasta que aprendí a quererme a mí mismo.
Temía fracasar… hasta que me di cuenta que
únicamente fracaso cuando no lo intento.
Temía lo que la gente opinara de mí…hasta
que me di cuenta que de todos modos opinan.
Temía me rechazaran… hasta que entendí
que debía tener fe en mi mismo.
Temía al dolor…hasta que aprendí que
éste es necesario para crecer.
Temía a la verdad…hasta que descubrí la fealdad de las mentiras.
Temía a la muerte… hasta que aprendí que no es el final…
sino más bien el comienzo.
Temía al odio…hasta que me di cuenta
que no es otra cosa más que ignorancia.
Temía al ridículo… hasta que aprendí a reírme de mí mismo.
Temía hacerme viejo…hasta que
comprendí que ganaba sabiduría día a día.
Temía al pasado… hasta que comprendí que
es sólo mi proyección mental y ya
no puede herirme más.
Temía a la oscuridad… hasta
que vi la belleza de la luz de una estrella.
Temía al cambio… hasta que vi que
aún la mariposa más hermosa necesitaba
pasar por una metamorfosis antes de volar.
Hagamos que nuestras vidas cada día tengan mas vida y
si nos sentimos desfallecer
no olvidemos que al final siempre hay algo más.
Hay que vivir plenamente porque la vida pasa pronto….»

*Ernest Hemingway*


UNA DULCE LECCIÓN DE PACIENCIA

Para reflexionar….Tendrás paciencia para leerlo…?

Cuentan que un taxista de Nueva York llegó a la dirección y tocó el claxon. Después de esperar unos minutos volvió a tocar el claxon. Como esa iba a ser la última carrera de su turno, pensó en marcharse, pero en su lugar, estacionó el automóvil y caminó hacia la puerta y llamó… «Un minuto», respondió una fragil voz de anciana. El taxista oyó algo que se arrastraba a través de la puerta.

Después de una larga pausa, la puerta se abrió. Una pequeña mujer de unos 90 años estaba de pie ante el taxista. Llevaba un vestido estampado y un sombrero con un pequeño velo, como alguien sacado de las películas de los años 40.

A su lado había una pequeña maleta de nylon. El apartamento parecía que no había sido habitado durante años. Los muebles estaban cubiertos con sábanas.

No había relojes en las paredes, ni utensilio en los mostradores. En el rincón había una caja de cartón llena de fotos y cristalería.

«¿Sería tan amable de llevarme la maleta al coche?», dijo. El taxista llevó la maleta al taxi y regresó para ayudar a la anciana.

Ella se agarró a su brazo y lentamente caminaron hacia la acera.

La anciana no paraba de agradecer la amabilidad del taxista. «No es nada», le dijo «Solo intento tratar a mis clientes del modo en que me gustaría que trataran a mi madre».

«Oh, usted es un buen muchacho», dijo ella. Cuando se metieron en el taxi, ella le dio una dirección y entonces le preguntó al taxista: «¿Le importaría llevarme por el centro?»

«No es el camino más corto», respondió rápidamente el taxista.

«Oh, no me importa», dijo ella, «No tengo ninguna prisa. Voy de camino a un asilo».

El taxista miró por el retrovisor. Los ojos de la anciana brillaban. «No me queda familia ninguna», prosiguió con una suave voz. «El médico dice que no me queda mucho tiempo.» El taxista extendió el brazo lentamente y paró el taxímetro.

«¿Qué ruta quiere que tome?», preguntó.

Durante las siguientes dos horas, dieron vueltas por la ciudad. Ella le enseñó al taxista el edificio donde años atrás había trabajado de ascensorista.

Pasaron por el barrio donde ella y su esposo había vivido de recién casados. La anciana le hizo parar frente a un almacén de muebles que una vez había sido un salón de baile en el que ella había bailado de niña.

Algunas veces, la anciana le pedía que aminorara la marcha enfrente de algún edificio o esquina en concreto y se quedaba mirando fijamente en la oscuridad sin decir nada.

Cuando el primer esbozo de los rayos de sol aparecían por el horizonte, ella dijo de repente: «Estoy cansada. Vámonos ya».

El taxista condujo en silencio hacia la dirección que ella le había dado. Era una edificio bajo, como un pequeño sanatorio, con una camino de entrada que pasaba por debajo de un pórtico.

Dos camilleros salieron tan pronto como paramos. Eran solícitos y resueltos, observando cada movimiento de ella. Debían de haber estado esperándola.

El taxista abrió el maletero y llevó la maletita hasta la puerta. La mujer ya estaba sentada en una silla de ruedas.

«¿Qué le debo?», preguntó buscando en el monedero.

«Nada», dijo el taxista.

«Por favor, tiene que ganarse la vida», respondió ella.

«Hay más clientes», respondió el taxista.

Casi sin pensar, el taxista se inclinó y le dio un abrazo. Ella se abrazó a el fuertemente.

«Usted ha dado a una vieja un pequeño momento de alegría», dijo ella. «Gracias».

El taxista caminó hacia la tenue luz de la mañana… Detrás de él se cerró una puerta. Fue el sonido del cierre de una vida.

El taxista no recogió ningún cliente más en aquel turno. Condujo sin dirección alguna sumido en sus pensamientos. Durante el resto de aquel día, apenas pudo hablar. ¿Qué hubiera ocurrido si a aquella señora le hubiese tocado un taxista furioso o impaciente por terminar el turno? ¿Qué hubiera ocurrido si él se hubiera negado a hacer la carrera o si solo hubiese tocado el claxon una vez y se hubiera marchado?

Entonces pensó que no había hecho nada más importante que aquello en su vida.

Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas giran alrededor de grandes momentos.

Pero los grandes momentos muchas veces nos pillan desprevenidos y por sorpresa, envueltos maravillosamente en lo que otras personas considerarían un momento sin importancia.

Desconozco el autor.
💗💗💗


REFLEXIONA:

Cuando mueras, no te preocupes por tu cuerpo… tus parientes, harán lo que sea necesario de acuerdo a sus posibilidades.

Ellos te quitaran la ropa,
Te van a lavar
Te van a vestir
Te van a sacar de tu casa y te llevarán a tu nueva dirección.
Muchos vendrán a tu funeral a «despedirse». Algunos cancelarán compromisos y hasta faltarán al trabajo para ir a tu entierro.

Tus pertenencias, hasta lo que no te gustaba prestar, serán vendidas, regaladas o quemadas.
Tus llaves
Tus herramientas
Tus libros
Tus cds
Tus zapatos
Tu ropa…

Y ten por seguro que el
mundo no se detendrá a llorar por ti.
La economía continuará.
En tu trabajo, serás reemplazado. Alguien con las mismas o mejores capacidades, asumirá tu lugar.

Tus bienes irán a tus herederos….
Y no dudes que seguirás siendo citado, juzgado, cuestionado y criticado por las pequeñas y grandes cosas que en vida hiciste.

Las personas que te conocían solo por tu semblante dirán; Pobre hombre! o Él se la pasaba muy bien!

Tus amigos sinceros van a llorar algunas horas o algunos días, pero luego regresarán a la risa.

Los «amigos» que te jalaban a las pachangas, se olvidarán de ti más rápido.

Tus animales se acostumbraran al nuevo dueño.

Tus fotos, por algún tiempo quedarán colgadas en la pared o seguirán sobre algún mueble, pero luego serán guardadas en el fondo de un cajón.

Alguien más se sentará en tú sofá y comerá en tu mesa.

El dolor profundo en tu casa durará una semana, dos, un mes, dos, un año, dos… Después quedarás añadido a los recuerdos y entonces, tu historia terminó.

Terminó entre la gente, terminó aquí, terminó en este mundo.
Pero comienza tu historia en tu nueva realidad… en tu vida después de la muerte.
Tu vida a donde no te pudiste mudar con las cosas de aquí porque además, al irte, perdieron el valor que tenían.
Cuerpo
Belleza
Apariencia
Apellido
Comodidad
Crédito
Estado
Posición
Cuenta Bancaria
Casa
Coche
Profesión
Títulos
Diplomas
Medallas
Trofeos
Amigos
Lugares
Cónyuge
Familia…

En tu nueva vida solo necesitaras tu espíritu. Y el valor que le hayas acumulado aquí, será la única fortuna con la que contarás allá.
Esa fortuna es la única que te llevarás y se amasa durante el tiempo que estás aquí. Cuando vives una vida de amor hacia los demás y en paz con el prójimo, estás amasando tu fortuna espiritual.

Por eso intenta vivir plenamente y sé feliz mientras estás aquí porque, como dijo Francisco de Asís; «De aquí no te llevarás lo que tienes. Solo te llevarás lo que diste».
(Tomado de la Red)


LA MEDITACION EN PSIQUIATRÍA AYUDA A PREVENIR RECAIDAS

«La meditación en psiquiatría ayuda a prevenir recaídas»

Entrevista a Christophe André. Psiquiatra y escritor

De pequeño dice que ya era como ahora: solitario y sociable, divertido ante la vida e inquietado por ella. «En definitiva, hecho para la psicología».

Christophe André nació en Montpellier, hijo de un marino y una maestra, y pasó su juventud en Toulouse, entre la facultad de Medicina y los campos de rugby. Había leído a Freud y por eso se convirtió en psiquiatra. En París encontró nuevos horizontes y vio nacer a sus tres hijas.

Hoy André divide su tiempo profesional entre el ejercicio de la psiquiatría y la escritura de libros en los que explica cómo sus pacientes aprenden a vivir mejor. Confiesa que él es su primer paciente y su primer lector.

En español se pueden encontrar El arte de la felicidad (Ed. Paidós), en el que comenta cuadros famosos con gran lucidez, así como Prácticas de autoestima, El placer de vivir, Psicología del miedo o Los estados de ánimo. El aprendizaje de la serenidad. En los últimos años ha publicado varios títulos sobre meditación, como Tiempo de meditar, Meditar: 3 minutos o Meditar día a día: 25 lecciones para vivir con mindfulness.

Muy mediático en Francia, anima un blog en el que se sincera a diario y reflexiona sobre el modo en que nos comportamos, a menudo a partir de anécdotas cotidianas sobre las que posa su mirada sensible.

Nos atiende con la amabilidad que le caracteriza en su consulta del hospital universitario Sainte-Anne de París, antes de que se reúna con sus pacientes para meditar en grupo.

–He preguntado en la calle cómo llegar aquí y se han referido a este hospital como «el de los locos». ¿Quiénes son esos «locos»?
–Para un psiquiatra no existen los locos. Hay depresivos, ansiosos, esquizofrénicos, paranoicos… personas que sufren enfermedades psicológicas. El hospital de Sainte-Anne es muy grande. Yo trabajo con pacientes ambulatorios, es decir no hospitalizados, y por lo tanto menos graves. Mi especialidad es la ansiedad y la depresión, y sobre todo la prevención de las recaídas. Me encargo de proponer recursos a los pacientes que salen del hospital para fortalecerlos psicológicamente. Eso fue lo que me llevó a interesarme por los problemas de autoestima y equilibrio emocional, y por la psicología de la felicidad, territorios que permiten a las personas frágiles trabajar para mejorar su equilibrio. Así que trabajo con personas que no están muy mal pero que pueden llegar a estarlo.

–¿Qué ha aprendido de ellas en todos estos años?
–Que nos parecemos bastante. Más o menos todos tenemos las mismas fragilidades e inquietudes, los mismos puntos débiles y fuertes. Pero al mismo tiempo también he visto que hay desigualdades muy grandes: personas que han tenido la suerte de venir al mundo en una familia que les ha enseñado a amar, ser felices, cuidarse… y que a pesar de sus fragilidades tendrán la posibilidad de vivir una vida bastante armoniosa, y personas con las mismas fragilidades a las que no han enseñado a estar bien, y a las que hay que enseñárselo una vez adultas.

Mis pacientes me enseñan muchas cosas porque tengo una relación estrecha con ellos, pero aprendo en general de todas las personas con las que me relaciono. Cuando me encuentro a alguien, observo cómo funciona, en qué es admirable y me puede inspirar, y en qué flaquea y arroja luz así también sobre mis propios fracasos.

Herramientas para ser feliz

–¿Y cómo ha evolucionado su modo de tratar a estas personas? Ha introducido en su terapia la meditación, el arte, los paseos…
–Al principio, como muchos médicos, era muy académico. Hacía lo que me habían enseñado a hacer, que está muy bien porque era necesario. Pero poco a poco fui viendo que la prevención era muy débil en psiquiatría. En otras áreas, como en cardiología, los médicos ponen mucha atención en el trabajo preventivo –les dicen a sus pacientes que no fumen, no coman demasiado, etc.–,mientras que en psiquiatría eso no se hacía mucho. Sí había fuera muchos talleres de crecimiento personal, yoga, respiración, etc. pero los médicos lo miraban con desconfianza e incluso desprecio. Después nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado, que había una verdadera necesidad de ayudar a las personas a sentirse bien, a construir su equilibrio, y que en todos esos acercamientos no científicos había algo que merecía ser evaluado y utilizado en psiquiatría.

Mi evolución personal se ha hecho poco a poco desde una visión muy académica (con medicamentos y psicoterapia comportamental y cognitiva) hacia otra más abierta, alternativa, que incluye la meditación, por ejemplo, pero siempre poniendo cuidado en no integrar en el hospital ningún método que no tenga un mínimo de pruebas científicas. La meditación de la plena conciencia, como la que se utiliza en este servicio desde hace algunos años para prevenir recaídas de problemas depresivos o ansiosos severos, tiene estudios científicos que prueban su utilidad.

–¿Es usted pionero en la introducción de la meditación en psiquiatría?
–Sí y no. No descubrí yo que la meditación podía ser útil para equilibrar a las personas psicológicamente pero sí la introduje en un hospital universitario en Francia, en el 2004. Y es importante porque si se propone aquí, eso da confianza a muchas personas. Pero insisto: no descubrí nada, solo lo apliqué. Y hoy vienen muchos psicólogos y psiquiatras a formarse en el grupo.

«No descubrí yo que la meditación podía ser útil para el equilibrio psíquico pero sí la introduje en un hospital.»

Meditación para los pacientes

–¿Por qué le interesa especialmente la meditación?
–Primero me atrajo el budismo. Hace seis o siete años conocí a Matthieu Ricard y nos hicimos muy amigos. Él mismo me contó el interés de las prácticas budistas para el equilibrio emocional. Me aconsejó libros y le acompañé en un viaje a la India a pasar una semana cerca del Dalai Lama, con el Mind & Life Institute, que es una asociación estadounidense que organiza regularmente encuentros entre el Dalai Lama e investigadores en neurociencia y científicos de la psicología y psiquiatría. Ricard me enseñó que había elementos en el budismo que podían utilizarse en psicoterapia. Al mismo tiempo, como eso me interesaba, conocí a pioneros como Jon Kabat-Zinn o Zindel Segal, que han sido mis maestros.

Todo ese interés personal coincidía con mi búsqueda de métodos para ayudar a mis pacientes. Yo veía que las herramientas que les proponíamos tenían límites y buscaba cómo reforzar la eficacia de los tratamientos. La meditación de la plena conciencia aporta algo nuevo. No es exactamente una terapia sino más bien una ayuda para que los pacientes vivan su vida de otra forma, para que estén presentes en la medida de lo posible y lo más a menudo posible. En vez de estar haciendo siempre algo, se trata de experimentar lo que ocurre en el propio cuerpo y alrededor, sin más. Es una idea muy simple pero muy importante para los pacientes psiquiátricos, que a menudo están cavilando sobre los sufrimientos pasados y las dificultades que les esperan.

–¿Usted practica la meditación regularmente?
–Todas las mañanas. Me levanto pronto y medito sentado entre diez minutos y media hora. Pero, además, trato de vivir el máximo de actividades cotidianas en estado consciente. Cuando pelo zanahorias, pelo zanahorias y punto, trato de no estar pensando en que debería estar en otra parte o en lo que tengo que hacer después. Y lo mismo si friego los platos, saco la basura, camino o espero. Me concentro en hacer lo que estoy haciendo. Además, todos los años hago un retiro de una semana, a veces con colegas.

Un camino largo

–Con los años, ¿se notan cambios o sigue resultando difícil vivir el presente?
–Lo que cuesta es la regularidad en los ejercicios. Como en cualquier otra cosa, hay que practicar con constancia. Cuanto más tiempo llevas haciéndolo, más claro ves que lo necesitas y que se trata de algo complejo, sutil, delicado… mientras que cuando empiezas tienes la impresión de que lo vas a controlar todo rápidamente. Cuanto más avanzas, más ves lo que te queda por recorrer. Pero eso no es un problema. Y uno se da cuenta de que hay que volver a lo más simple. Lo importante es vivir el máximo de instantes posibles en el presente y abrirse a lo que llega sin necesidad de juzgar ni reaccionar, aceptando y acogiendo la experiencia.

–Muchas veces los post de su blog están escritos a las 5 o 6 de la mañana. ¿A qué hora se levanta?
–Depende. Me levanto muy pronto pero también me acuesto muy pronto, hacia las 10 de la noche. ¡Me costaría mucho ser español! Cuando me invitan a cenar mis amigos ya saben que a partir de las 11 me caigo de sueño. Me encanta levantarme pronto y ver nacer el día. La llegada del sol es algo muy reconfortante e importante. También hay días en que me levanto tarde pero ¡me cuesta quedarme en la cama! Llevo un ritmo animal, de acuerdo con la luz.

–¿Sufre estrés?
–Sí, sí. Tengo un temperamento bastante ansioso, frágil en lo emocional. No por casualidad me interesan todas estas técnicas de trabajo para la ansiedad y la depresión. El trabajo de psiquiatra es estresante porque se ve mucho sufrimiento crónico. Se tratan patologías y vidas complicadas. Es duro. Por eso dedico a la psiquiatría solo la mitad de mi tiempo profesional: en la otra mitad escribo libros, enseño en la universidad o doy conferencias. Cuando practicaba la psiquiatría a tiempo completo me afectaba.

Dos años sin dolor de cabeza

–¿Qué hace para mantener su equilibrio?
–Recurro a las técnicas de las que hablo a mis pacientes y lectores. Justamente en la reducción del estrés es donde se ven muy claros los beneficios de la meditación. Yo tenía a menudo tensión en la nuca y dolores de cabeza después de jornadas de trabajo en el hospital o de días complicados en general. Desde hace dos o tres años no he vuelto a tener ni uno. Y sigo teniendo muchas cosas que hacer. Yo creo que es debido, entre otras cosas, a esta práctica. Si se medita, se sufren menos síntomas psicosomáticos, menos desequilibrios emocionales, te enfadas menos, las inquietudes duran menos… No es que no vuelvas a sentir irritación, inquietud o tristeza, sino que reaccionas a ellas de forma distinta. Tomas conciencia de que son pensamientos, respiras… y no caes tanto en la trampa de los pensamientos negativos.

–De todo lo que usted propone a sus pacientes y lectores, ¿la meditación es lo que más le ha ayudado?
–Todo me ha ayudado. Como terapeuta hay tres grandes técnicas que me han resultado muy útiles en la vida: la autoafirmación o asertividad, las terapias cognitivas (comprender que lo que nos afecta no es solo lo que nos pasa sino lo que nos decimos a nosotros mismos sobre ello: «esto es grave», «esto es definitivo», etc.) y la meditación, para tomar distancia de las turbulencias de la vida. Lo que me ha ayudado mucho también es la psicología positiva (cultivar actitudes como la gratitud, la sonrisa o la compasión). Como vengo de una familia de pesimistas y depresivos, y la psiquiatría se centra en el sufrimiento, la psicología positiva me resulta apasionante y efectiva.

Vivir lo positivo

–¿Cómo la practica?
–Por ejemplo, intento sonreír en situaciones de estrés. O, al irme a dormir, pienso en dos o tres personas a las que doy las gracias: alguien que ha sido amable conmigo, alguien que me ha enseñado algo o el músico que ha compuesto una música que me ha gustado.

–¿Y qué hace con lo negativo?
–No lo niego. La psicología positiva no se basa en la idea de que la vida es positiva sino de que necesitamos cosas positivas en la vida. Un día estaba en el metro y vi reflejada mi cara en la ventana: era una cara triste. Y a mi alrededor todos los rostros me parecían también tristes. Me pregunté si tenía algún motivo para poner esa cara y no lo encontré. La psicología positiva dice que en la vida hay dificultades, cosas graves que no hay que positivizar, pero también un montón de momentos que no están nada mal. Si tiendes a la depresión vas a contaminar esos momentos en que todo va bien y en vez de disfrutarlos vas a empezar a anticipar el próximo sufrimiento. El mensaje de la psicología positiva no es transformarlo todo en positivo sino ocuparse de lo negativo, vivir lo positivo e intentar vivir también de manera sonriente lo que es neutro.

«La psicología positiva no dice que la vida sea positiva sino más bien que necesitamos cosas positivas en la vida.»

Enseñar a ser feliz

–Usted es conocido como «el psicólogo de la felicidad». ¿Cómo enseña a sus hijas a ser felices?
–¡Ah, qué pregunta! Sí, forma parte de mi tarea como padre enseñarles a aprovechar la vida. Creo que para enseñar a sentir la felicidad no hay que decir nada sino mostrarlo. Cuando eran pequeñas cada vez que yo estaba contento se lo mostraba. Si pasábamos al lado de algo bello, como una flor, me paraba y les decía: «mirad qué bonito». Ya está. Algunos días miraban y otros me decían: «papá, déjanos en paz», pero notaban que yo me alegraba de ver esas flores. Que me paraba y miraba. Por supuesto había veces en que estaba preocupado o de mal humor, y no lo ocultaba, se me notaba en la cara. Pero si me decían: «papá, te pasa algo», les explicaba que tenía problemas en el trabajo, que eran cosas normales y que iban a pasar, que intentaría reírme. Este ha sido uno de los objetivos de mi trabajo educativo: enseñarles que era interesante estar feliz, que uno se sentía mejor cuando estaba bien. Pero no sé si habrá funcionado. Estas cosas tienen un efecto retardado.

–¿Cómo ve a sus hijas?
–Las tres son muy diferentes. Una tiene grandes aptitudes para ser feliz, es muy risueña y sociable. Ha sido mi mejor alumna, la que más se divertía conmigo viendo cosas hermosas y la que más me las enseñaba también. Hay otra que es muy reservada. Tengo la impresión de que no está muy dotada para la felicidad, pero quizá me equivoque. Y hay una tercera que es muy ansiosa, que le cuesta mucho ser feliz si tiene pequeñas preocupaciones. Para ella la felicidad es que todos los problemas estén solucionados. ¡Así que de momento mis enseñanzas no han funcionado muy bien con ellas! Pero hay que esperar. Lo que importa es enseñarles que la felicidad existe, hacerles vivir momentos felices con nosotros, que sepan que es algo que uno puede sentir, y que más tarde puedan también considerar que es posible y no algo quimérico. Y que es algo que se puede conseguir más que algo que uno espera pasivamente que llegue.

–¿A qué desafíos psicológicos tendrán que enfrentarse?
–Todos los que trato en mis libros. Por una parte, los relacionados con la autoestima: es decir, llegar a tener una idea favorable de sí mismas, que no significa sentirse superior sino tratarse de manera afectuosa, como se trataría a un amigo, y saber reconfortarse frente a las dificultades en vez de castigarse, etc. El desafío también de experimentar la felicidad y el bienestar psicológico. El de ser capaz de relativizar y no verse desbordado por las presiones y preocupaciones.

Escoger en el amor

–¿Y qué desafíos afrontarán como mujeres?
–A menudo tengo miedo de que sufran por amor. Cada vez que un chico aparece en escena, pido muchos datos, ¡casi la ficha policial! Lo hago medio en broma pero les muestro que para mí es importante, que pueden equivocarse y escoger mal. Pero ahí de nuevo creo que funcionan los modelos y espero que mi esposa y yo les demos una idea de pareja que dialoga, que a veces discute pero que se reconcilia. En el encuentro amoroso se puede sufrir mucho porque a veces se ponen demasiadas ilusiones o, por el contrario, demasiadas defensas. Como en la felicidad, creo que es muy importante para la vida amorosa haber tenido buenos modelos en la infancia. Eso te hace ganar mucho tiempo.

Yo perdí mucho en mi vida amorosa porque mis padres tenían una relación infeliz y eso me hizo tener una idea de la pareja como algo poco interesante. Tardé mucho en comprometerme. No pasa nada pero hice sufrir a otras personas, y yo también sufrí. Espero haber mostrado a mis hijas a qué se puede parecer una pareja que funciona, y que puedan identificar a alguien que no sería un buen compañero para ellas. Uno no puede evitar dirigirse hacia personas con las que no es posible entenderse pero lo importante es sentir rápido que eso no va a funcionar, para no sufrir en vano ni perder mucho tiempo.

–¿Las mujeres sufren más por amor que los hombres?
–No estoy seguro pero ¡tengo tres hijas! así que estoy más atento al sufrimiento femenino. Me da la impresión de que en general los hombres sufren menos por amor.

La sensibilidad es riqueza

–Y en cuanto a la autoestima, siendo mujeres ¿reciben más presiones sobre su imagen, por ejemplo?
–La presión a la que está sometida la mujer en lo que se refiere a la apariencia física hace más frágil su autoestima, pero a los hombres les va a pasar lo mismo muy pronto. De hecho ya les pasa a muchos chicos: ponen mucha atención en el peinado que llevan, la ropa… incluso algunos se empiezan a maquillar. Lo he visto hace un par de meses en Montreal: tres o cuatro hombres maquillados, que no eran necesariamente homosexuales. Así que en vez de liberarse las mujeres de esta presión, ahora también la empiezan a sufrir los hombres.

–¿Qué temas le interesan para próximos libros?
–Estoy escribiendo uno sobre meditación. Se parecerá a El arte de la felicidad porque estará ilustrado con cuadros que ayuden a reflexionar y a ejercitarse en la plena conciencia.

–Usted parece muy sensible: al arte, a los demás… ¿Qué les diría a las personas sensibles, que a veces sufren por ello?
–La sensibilidad forma parte de nuestra identidad, así que no vale la pena intentar evitarla ni aparentar ser duro ni impedirse sentir con más intensidad que los demás. Sería como querer cambiarse el color de los ojos. Les recordaría lo que ya saben: que la sensibilidad es una fuente de riqueza y que nos ayuda a vivir el presente porque estamos obligados a estar atentos a lo que nos llega, no vaya a ser que nos resulte demasiado fuerte o nos haga daño. Este es el lado positivo: una apertura forzosa hacia el mundo.

En general, los sensibles tienen la capacidad de acoger muchas experiencias. Pero eso solo es una suerte si se trabaja. Hay que aprender a aceptar la sensibilidad y canalizarla, y a desarrollar otras fuentes de equilibrio. Ser sensible no es el problema, sino ser sensible y no hacer deporte, beber demasiado, comer mucho, dormir poco… Entonces es terrible. La sensibilidad impone unas reglas de vida, más exigentes que para otras personas más sólidas emocionalmente. Hay que saber cuidarse para que la sensibilidad sea más una suerte que un hándicap.

–¿Qué le animó a crear un blog? ¿Qué le aporta?
–Primero fue por curiosidad: me parecía interesante encontrarme con mis lectores. Escribo una nota y al final del día tengo 30 o 40 comentarios que señalan lo que les ha parecido interesante, lo que he olvidado, lo que es criticable… Es muy variado e inmediato, y me encanta leerlos por la noche. Pero también lo hice por ansiedad: no estoy seguro de que mis libros se vendan igual de aquí a cinco años e intento ver a qué se parecerá mi profesión de escritor en unos años. Porque de lo que sí estoy seguro es de que habrá una mayor necesidad de psicología.

¿Demasiados maestros?

–¿Se esperaba el éxito que cosecha su blog?
–No me imaginaba que pudiera tener tantas conexiones. Pero ahora ya me pesa un poco, voy a ralentizar el ritmo y pasar a escribir solo tres veces por semana. Necesito tiempo para escribir mi libro y a menudo lo que escribo en el blog dejo de hacerlo en mis cuadernos de notas. ¡Me siento aliviado!

–¿Hay un exceso de personas que nos proponen cómo vivir? ¿O hay mucha sed de este tipo de enseñanzas?
–Había una verdadera necesidad y es un progreso que la psicología se haya convertido en algo central. Antes no eran necesarias las competencias psicológicas o relacionales: uno se dedicaba a lo mismo que sus padres, se casaba con alguien que la familia había escogido, etc. Hoy las necesitamos. Pero la psicología ha tenido a veces un protagonismo excesivo. Se vio en Francia con la psicología infantil, sobre todo con Françoise Dolto, que por no hacer sufrir a niños proponía poco más o menos que renunciar a educarlos. Ocurre como con todo: había una falta de psicología, luego en algunos casos hubo un exceso y ahora va a volver a ocupar su lugar.

«Saber qué enferma a las personas más frágiles permite advertir a la sociedad de lo que puede resultar peligroso.»

–¿Qué puede aportar un psiquiatra a la psicología?
–El psiquiatra cuida de personas que yo llamo «centinelas». Antiguamente en las minas de carbón los mineros tenían jaulas con canarios, que eran muy sensibles a los gases tóxicos y funcionaban como una alarma porque enmudecían y morían antes de que estos gases afectaran a las personas. El canario era más frágil que el hombre, moría antes. Pero los hombres hubieran muerto después. Con mis pacientes psiquiátricos ocurre lo mismo. Son más frágiles: frente a las presiones sociales, los conflictos familiares y en general todo lo que nos angustia. Cuando los cuido me da la impresión de que también estoy ayudando a muchas personas menos frágiles pero a quienes vamos a poder enseñar a no caer en la depresión, la ansiedad, etc. El hecho de que conozcamos bien qué es lo que enferma a las personas más frágiles, nos permite advertir a la sociedad de qué es lo que puede resultar peligroso.


CUANDO ME ENCONTRÉ CONMIGO MISMO

MI ALMA YA NO TIENE PRISA
QUIERO SABOREAR mis años venideros, disfrutarlos sorbo a sorbo como el mejor de mis vinos, aliarme con el tiempo, y hacer eterno lo efímero de mi existencia.
QUIERO VIVIR respirando la esencia de la vida, con lenta y agónica premura, perderme en la sutil fragancia de las rosas.
MI ALMA YA NO TIENE TANTA PRISA
QUIERO CONTINUAR MI VIAJE junto a gente que esté llena de humanidad, que nunca les falte ilusiones en su corazón, que ría por sus locuras vividas, por sus riesgos tomados, por sus recuerdos guardados,
por sus atrevidas aventuras; gente que disfrute de cada amanecer, que regocije su alma con cualquier atardecer,
poniendo en cada respiro, una sonrisa de satisfacción.
QUIERO PERSEGUIR la riqueza espiritual, aquella que viene acompañada de dicha y felicidad, quiero dilatar mis emociones en bellas ilusiones por vivir, que día a día la alegría grite a través de mis ojos y en la mirada de cada amanecer; para que cuando mi ocaso llegue, encuentre mi corazón copioso de bellos recuerdos de amores vividos, con altivas nostalgias de alegría, con misteriosas y diáfanas locuras de todo lo sentido y lo vivido…
ANTES DE LA PUESTA del Sol de mi existencia, quiero vivir con toques de místicos placeres para el alma, vivir con intensidad que sólo la madurez del corazón me puede dar.
QUIERO DANZAR al Son de los días y los años venideros..
QUIERO EN MIS “ÚLTIMOS” AÑOS, poner mis ojos en el inquietante horizonte, él siempre me lleva al regocijo de mi alma.
QUIERO ESPERAR sin temor mi partida,
siempre he pensado que la muerte, no es más que un bello viaje, que nos lleva a vivir junto a las estrellas.


LA LEY DE AYUDA

Si quieres ayuda tienes que solicitarla»

Si intentas ayudar a alguien que prefiere continuar en su desgracia, al poco tiempo te arrastrara con él.
Ten presente que es muy difícil ayudar a una persona con una negatividad obstinada.

Si es una persona que te importa,
lo más recomendable es observarlo a distancia y estar receptivo al momento que pida tu ayuda. Solo entonces podrás actuar.

Debemos cuidar actuar donde no se nos requiere, ya que nuestra ayuda será malinterpretada, ignorada o no apreciada.

Debemos tener en cuenta que cuando ayudamos a otra persona debemos asumir las consecuencias de la misma, así que el karma se repercutirá si la ayuda es incorrecta.

Cuando la persona está lista para pedir ayuda también está para recibirla. Estará preparado para recibir la sabiduría que está conlleva.
Entonces, la fuerza Superior se pone en marcha para ayudarlo.

De inmediato aparecerá la persona o maestro, lo colocará en la situación y lugar correcto.

Puede parecerte difícil, duro o mezquino lo que voy a decirte:
Evita ayudar a quién no lo solicita.

Mantén tu distancia de aquellas personas con actitudes autodestructivas, aunque de un familiar, amigo o ser querido se trate, de lo contrario; consumirá tu energía, estabilidad emocional y psicológica.

Cada persona tiene una misión en la vida, en muchas ocasiones se tiene que tocar fondo para descubrirla.

Debemos respetar su proceso.


Poema: TE DESEO TIEMPO

No te deseo un regalo cualquiera,


te deseo aquello que la mayoría no tiene,


te deseo tiempo,

para reír y divertirte,

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‘Te deseo tiempo’, un poema de Elli Michler con el mejor de los regalos

Pronto recordaremos con nostalgia el bendito agosto. No echaremos de menos el calor, pero sí  disponer de tiempo para hacer todo con otra calma, para retomar las cosas que se nos quedan por el camino el resto del año, para compartirlo con aquellos que queremos, para reconectar con nosotros mismos e incluso para permitirnos el lujo de perderlo.

 

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Averie Woodard

No hay mejor regalo que podamos hacer y hacernos que tiempo; al fin y al cabo y aunque a veces se nos olvide, es finito y la falta de él, el mal de nuestros días.

La escritora alemana Elli Michler escribió este poema en 1987 que ya ha sido musicalizado en más de 40 ocasiones.

Ahora que reiniciamos, que llega el momento de poner en marcha los buenos propósitos que imaginamos y que toca volver a la vida real, os deseamos a todos tiempo:

 

No te deseo un regalo cualquiera,


te deseo aquello que la mayoría no tiene,

te deseo tiempo,


te deseo aquello que la mayoría no tiene,

te deseo tiempo,

para reír y divertirte,

si lo usas adecuadamente podrás

obtener de él lo que quieras.


Te deseo tiempo para tu quehacer y tu pensar
,

no sólo para ti mismo sino también para dedicárselo a los demás.


Te deseo tiempo no para apurarte y andar con prisas 
sino para que siempre estés contento.

Te deseo tiempo, no sólo para que transcurra,
 sino para que te quede tiempo para asombrarte y tiempo para tener confianza
 y no sólo para que lo veas en el reloj.


Te deseo tiempo para que toques las estrellas 
y tiempo para crecer, para madurar. Para ser tú.


Te deseo tiempo, para tener esperanza otra vez y para amar,
 no tiene sentido añorar.


Te deseo tiempo para que te encuentres contigo misma/o,
 para vivir cada día, cada hora, cada minuto como un regalo.


También te deseo tiempo para perdonar y aceptar.


Te deseo de corazón que tengas tiempo,
 tiempo para la vida y para tu vida.

 

– Elli Michler


PARA VIVIR MEJOR…

Para vivir mejor.

No te preocupes, * ocúpate .*
Ocupa tu tiempo, ocupa tu espacio, ocupa tu mente.

No te desesperes, * Espera.*
Espera que las cosas se calmen, espera que el tiempo pase, espera se desarme la rabia.

No te indispongas, * disponte.*
Dispon buenas palabras, dispon buenas vibraciones, disponte siempre.

No te canses, * Descansa.*
Descansa tu mente, descansa las piernas, descansa de todo.

No te molestes, * Acomoda.*
Acomoda tu cuerpo, acomoda tu espíritu, acomoda tu vida.

No desconfíes, * Confía.*
Confía en tu sexto sentido, confía en ti.

No presiones, * Impresiona.*
Impresiona por la humildad, impresiona por la sencillez, impresiona por la elegancia.

No generes discordia, * Genera Concordia.*
Concordia entre las naciones, concordia entre las personas, concordia personal.

No molestes, * trata bien.*
Trata bien a las personas, trata bien a los animales, cuida el planeta.

No te sobrecargues, * Recargate.*
Recargue sus fuerzas, recargue su coraje, recargue su esperanza.

No estorbes, * Trabaja.*
Trabaja tu humanidad, trabaja tus frustraciones, trabaja tus virtudes.

No conspires, * Inspira.*
Inspira personas, inspira talentos, inspira salud.

No te aterres, * ten fe.

Autor desconocido



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