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LA SOLEDAD & UN CEREBRO SANO

Tener un cuerpo sano, un cerebro sano, ejercitar los y transformarlos la soledad.

La soledad & un cerebro sano

 

 


NO REACCIONES EN BASE AL MIEDO

Afrontemos la vida con serenidad, con confianza, con entusiasmo.
Recordemos que un 20%de la información que recogemos es visual, el otro 80% la genera el cerebro. Es una ilusión lo que creamos.
De esa manera, cuando sintamos sensación de impotencia, de tendencia al aislamiento, de desánimo, nuestro sistema parasimpático colaborara con nosotros en nuestro bienestar.

NO REACCIONES EN BASE AL MIEDO

 


CANTANDO EL LAU TEILATU…

Ayudemos cantando al niño, al ser humano, explorandose por dentro y lo que le contiene, lo que le envuelve. Permitamos, facilitemos a la naturaleza, al universo, que aplique su infinito poder de autocuracion. Acompañemos en el camino de la vida! Vivamos y disfrutemos dejando ser!


EL UNIVERSO ES INMATERIAL, MENTAL Y ESPIRITUAL SEGÚN EL FÍSICO RICHARD CONN

Si, esto es lo que concluye el físico Richard Conn Henry, de la universidad Jhons Hopkings.

Así que, VIVE Y DISFRUTA!

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EL UNIVERSO ES INMATERIAL, MENTAL Y ESPIRITUAL


CLAVES PARA ENTRENAR LA MENTE

En este vídeo Mario Alonso Puug nos facilita claves para entrenar la mente de forma más eficiente

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CLAVES PARA ENTRENAR LA MENTE


POR QUE EL MINDFULNESS ES IMPORTANTE PARA LOS EMPRENDEDORES

Respira 2 o 3 veces lento, profundo. Inhala y exhala a través de tu nariz…

… Ya estás en el presente.

Mantenerte atento a lo que está pasando en este momento , aquí y ahora, es la clave para encontrar una inspiración mayor, acceder a tu creatividad y vivir una vida mucho más significativa y satisfactoria.

Como sea que elijas ser consciente, el punto no es perder nuestros objetivos ni nuestra ambición empresarial, sino reconocer las diferencias entre la productividad obsesiva y el poder de estar presente. Vivir el momento es una elección, y afortunadamente, es una que podemos tomar continuamente, todos y cada uno de los días.

Pincha en el siguiente artículo y descubre la LA RAZÓN DE POR QUE EL MINDFULNESS ES IMPORTANTE PARA EL EMPRENDEDOR

 

 



LA REVOLUCIÓN MINDFULNESS

La revolución es silenciosa.

Lenta, progresiva y constante.
De adentro hacia afuera.
Primero impacta en la mente, el cuerpo y el cerebro y
luego en las demás personas y seres del universo.
La revolución es pacífica pero insidiosa.
Duele pero sana.
Silencia el alma pero la libera.
La revolución no es exhibicionista
pero todos la ven tarde o temprano.
La revolución es un proceso individual,
aunque conmocione sistemas como la familia,
el trabajo, el club. Y transforma el cerebro: estimula encendidos neuronales
en algunas zonas e inhibe otros a partir de un simple acto cotidiano, estar consciente.
La revolución no tiene fecha de inicio.
Está desde siempre latente, agazapada,
a la espera de un despertar súbito.
La chispa es una intención profunda
de producir un cambio , de ser feliz.
Una vez iniciada, sacude los cimientos de nuestra personalidad,
es un cambio de paradigma: nos hace sentir que hay algo que no va más y necesitamos derribarlo.
Nuestras creencias, pensamientos y emociones
se ven desafiadas por un anhelo de bienestar que empuja
Algo nuevo brota.
La revolución de la mente está en cada uno.
Decidirnos y tomar las herramientas es cuestión de un instante,
pero utilizarlas para tallarnos y
darnos forma como un ser humano completo es trabajo de toda la vida.


JON KABAT ZINN EXPLICA POR QUE LA MEDITACION NO ES LO QUE CREES

Ante la expansión de la práctica del mindfulness, la confusión acerca de lo que es y lo que no es ha crecido a un ritmo muy similar. Reconocido como “el padre del mindfulness”, Jon Kabat-Zinn explica con detalle su sentido y razón de ser en La meditación no es lo que crees. Por qué el mindfulness es tan importante.

Al mismo tiempo, con esta lectura de un capítulo del libro saldremos de equívocos y podremos comprender con mayor exactitud que el mindfulness es más mucho más que una simple “técnica de relajación”.

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Convendría empezar aclarando algunos malentendidos muy habituales sobre la meditación. En primer lugar, la meditación no es una técnica ni una colección de técnicas, sino una forma de ser.

Repitámoslo una vez más, la meditación no es una técnica, sino una forma de ser.

Con ello, claro está, no estamos diciendo que no existan métodos y técnicas relacionados con la práctica de la meditación, porque ciertamente nos serviremos de algunos de ellos. Pero si no entendemos que las técnicas son vehículos orientadores que apuntan a formas de ser, a modos de ser de nuestra mente y de nuestra experiencia en el momento presente, nos perderemos con facilidad en las técnicas y en los desencaminados, aunque comprensibles, intentos de utilizarlas para llegar a alguna parte y experimentar algún resultado o estado especial que acabaremos considerando como su objetivo. Pero esta manera de entender las cosas, como veremos, puede llegar a obstaculizar muy seriamente nuestra comprensión de la riqueza de la práctica de la meditación y de lo que esta tiene que ofrecernos. Convendrá, pues, recordar que, por encima de todo, la meditación es una forma de ser o, si el lector lo prefiere, una forma de ver, una forma de percibir y hasta una forma de amar.

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En segundo lugar, la meditación no es otro modo de hablar de la relajación.

Repitámoslo de nuevo: la meditación no es otro modo de hablar de la relajación. Con ello no quiero decir que la meditación no vaya acompañada con frecuencia de estados profundos de relajación y de sensaciones de bienestar, porque eso es obviamente lo que, en ocasiones, sucede. La meditación mindfulness consiste en abrazar todos y cada uno de los estados que emergen en nuestra conciencia, sin inclinarnos por uno en desmedro de los demás.

Desde el punto de vista de la práctica del mindfulness, el dolor, la angustia y hasta el aburrimiento, la impaciencia, la frustración, la ansiedad y la tensión corporal son objetos igualmente válidos de nuestra práctica si les prestamos atención en el mismo momento en que aparecen.

Cada uno de ellos nos proporciona, a fin de cuentas, una ocasión para la comprensión y el aprendizaje y, en última instancia, para la liberación. No deberíamos, pues, considerar los estados que no vayan acompañados de relajación o beatitud como pruebas de una práctica meditativa «equivocada».

Bien podríamos decir que la meditación es una forma de ser adaptada a las circunstancias en que nos hallamos en todos y cada uno de los instantes de nuestra vida. Si estamos atrapados en nuestra propia actividad mental, no podremos estar presentes de la manera adecuada e incluso, quizás, no podamos estar presentes en modo alguno. Nos demos o no cuenta de ello, nuestras agendas ocultas tiñen todo lo que hacemos.

Con ello no pretendo decir que, cuando estemos atentos, desaparecerán todos los contenidos –a veces caóticos, turbulentos, dolorosos o confusos– que revolotean de manera natural por nuestra mente. Esa es, en ocasiones, la naturaleza de nuestra mente y de nuestra vida. Sin embargo, no debemos dejarnos atrapar por esas cosas ni permitir que distorsionen nuestra capacidad de registrar el abanico completo de lo que ocurre y lo que ello exige de nosotros, ni que distorsionen nuestra percepción hasta el punto de ignorar lo que realmente ocurre y lo que, al respecto, debemos hacer.

El rasgo distintivo de esa modalidad de ser a la que llamamos meditación es el no apego y, en consecuencia, la percepción clara y la predisposición a responder de forma adecuada a cualquier circunstancia que se nos presente.

No es de extrañar que quienes tan solo conocen la meditación a través de lo que dicen los medios de comunicación crean que básicamente es una forma de manipulación interna que se asemeja a pulsar una especie de interruptor cerebral orientado a dejar la mente en blanco. Esa perspectiva cree que poner fin al pensamiento implica poner fin a las preocupaciones y verse mágicamente catapultado al estado «meditativo», el cual siempre imaginan como un estado de relajación, paz, calma y comprensión profundas que erróneamente asocian al concepto de nirvana.

Pero esta visión, por más comprensible que pueda parecer, está muy equivocada, porque la práctica de la meditación puede perfectamente estar saturada de pensamientos, preocupaciones, deseos y cualquier otro de los estados y aflicciones mentales que afectan a los seres humanos. Lo importante no es el contenido de la experiencia, sino la conciencia de ese contenido y, aún más, la conciencia de los factores que promueven su desarrollo y el modo en que nos liberan o encadenan instante tras instante y año tras año. Así pues, seamos claros al respecto, no existe un «estado de atención» que debamos obtener o alcanzar, porque cualquier situación o condición en que nos hallemos en cualquier momento -incluidos el odio, el miedo o la tristeza– pueden ser abarcadas en la conciencia y, de ese modo, pueden ser vistas, abordadas, conocidas y aceptadas como parte de la realidad del ahora.

No existe la menor duda de que la meditación puede conducir a la relajación, la paz, la calma, la intuición, la sabiduría y la compasión profunda y de que el término nirvana no es tan solo el nombre de una loción para después del afeitado, de un hermoso yate o de cualquier cosa que podamos pensar (porque la historia completa jamás se agota en lo que uno pueda pensar al respecto), sino que se refiere a una dimensión muy importante y verificable de la experiencia humana.[1] Este es, precisamente, uno de los misterios y atractivos de la meditación. Pero hay veces en que incluso los meditadores avanzados olvidan que la meditación no tiene nada que ver con el logro de algo especial y se esfuerzan en alcanzar un determinado resultado que satisfaga sus deseos y expectativas. Y es que, por más claro que lo tengamos, hay veces en que esa noción puede presentarse y, en esos momentos, debemos «recordar» la necesidad de abandonar esos conceptos y deseos y tratarlos como a cualquier otro pensamiento que aparezca en nuestra mente, recordar la necesidad de no aferrarnos a nada y quizás advertir incluso que se trata de construcciones esencialmente vacías de lo que podríamos llamar la mente deseante.

Otro error muy común consiste en considerar que la meditación es una herramienta para controlar o tener determinados pensamientos. Y, aunque esta noción encierre una cierta verdad, en el sentido de que hay formas concretas de meditación discursiva que apuntan al cultivo de cualidades concretas (como la bondad y la ecuanimidad) y de emociones positivas (como la alegría y la compasión), nuestras expectativas acerca de la meditación suelen obstaculizar la puesta en práctica de lo que más necesitamos e impedirnos experimentar el momento presente tal cual es, en lugar del modo en que queremos verlo, con la mente y el corazón abiertos.

Jon Kabat-Zinn.

JON KABAT-ZINN.

Porque la meditación –y, muy especialmente, la meditación mindfulness– no tiene nada que ver con pulsar un interruptor que nos catapulte a otro lugar, que nos despoje de determinados pensamientos y nos ayude a cultivar otros, ni con poner la mente en blanco o permanecer tranquilos y relajados.

La meditación es, en realidad, un gesto interno que permite que nuestro corazón y nuestra mente (considerados como una totalidad inconsútil) cobren conciencia del espectro completo del mo- mento presente tal cual es, aceptando todo lo que se presente por el simple hecho de que está sucediendo, en una actitud interna que la psicoterapia ha calificado como «aceptación incondicional». Y debo decir que se trata de algo muy difícil, sobre todo en el caso de que lo que ocurra no concuerde con nuestras expectativas, deseos y fantasías, que parecen ser inagotables y pueden, aunque sea de un modo muy sutil y casi imperceptible, llegar a teñirlo todo, en especial en lo que se refiere a la práctica de la meditación y a cuestiones relacionadas con el «progreso» y el «logro».

La meditación no tiene nada que ver con tratar de llegar a un determinado lugar, sino con permitirnos estar precisamente donde estemos tal y como estemos y que, en ese mismo instante, el mundo sea también exactamente tal cual es.

Y esto no resulta nada sencillo porque, mientras permanezcamos dentro del ámbito del pensamiento, siempre encontraremos defectos. Por ello la mente y el cuerpo se resisten tanto a aceptar, aunque solo sea de forma provisional, las cosas tal como son. Y esta resistencia quizás sea todavía mayor cuando meditamos porque, en tal caso, albergamos la esperanza de que la meditación nos ayude a cambiar las cosas y a mejorar nuestra vida, y contribuya también a cambiar el mundo.

Con ello no estamos negando la importancia de la aspiración a cambiar las cosas, mejorar la vida y transformar el mundo. De hecho, todas ellas son posibilidades muy reales porque, al meditar, sentarnos y permanecer en silencio, podemos transformarnos a nosotros mismos y al mundo y, en cierta manera –pequeña pero no, por ello, insignificante–, todos esos cambios están ya teniendo lugar.

Lo paradójico es que solo podemos cambiarnos a nosotros mismos y al mundo si salimos, aunque solo sea unos instantes, de nosotros mismos y permitimos que las cosas sean tal como son, sin perseguir nada, especialmente aquellos objetivos que son el mero producto de nuestro pensamiento.

Einstein lo dijo de una manera muy convincente: «La mente que crea los problemas es incapaz de encontrar una solución válida a esos mismos problemas», lo que significa que debemos desarrollar y ejercitar nuestra mente y sus capacidades para ver, conocer, reconocer y trascender los motivos, conceptos y hábitos inconscientes que puedan haber generado los problemas en que nos hallamos inmersos. Y todo ello requiere de una mente que tenga una motivación diferente y vea y conozca de un modo nuevo o, dicho de otra manera, de nuestra mente intacta, original y no condicionada.

¿Cómo podemos hacer esto? Precisamente saliendo, aunque solo sea durante unos instantes, de nuestro camino, saliendo de los cauces habituales del pensamiento y sentándonos a descansar en las cosas tal como son más allá de nuestros pensamientos o, como Soen Sa Nim solía decir, «antes de pensar en ellas». Y ello significa permanecer durante unos instantes en lo que es y confiar, aunque carezca de sentido para nuestra mente pensante, en lo más profundo y mejor de nosotros mismos.

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Uno es mucho más que la suma de sus pensamientos, ideas y opiniones, incluido lo que digan sus pensamientos acerca de quién es, de lo qué es el mundo y de las historias y explicaciones que ahora mismo nos contemos al respecto.

Y, para ello, es preciso descansar en la experiencia desnuda del momento presente, es decir, descansar en las mismas cualidades que pretendemos cultivar. Todas esas cualidades dimanan de la conciencia y es precisamente a ella a donde volvemos cuando dejamos de esforzarnos en llegar a alguna parte, cuando no pretendemos tener ninguna sensación especial y cuando nos permitimos estar donde estamos y experimentar lo que estemos experimentando. La conciencia es, al mismo tiempo, el maestro, el discípulo y la lección que debemos aprender.

Cualquier estado mental es, desde el punto de vista de la conciencia, un estado meditativo. Por ello, en este sentido, la ira y la tristeza son tan interesantes y valiosas como el entusiasmo o el gozo y mucho más, por cierto, que la mente en blanco o que la mente que ha perdido el contacto, es decir, la mente desconectada de los sentidos. Todos los estados mentales y corporales, desde la ira hasta el miedo, el terror, la tristeza, el resentimiento, el entusiasmo, el gozo, la confusión, el disgusto, el desprecio, la ansiedad, la envidia, la rabia e, incluso, el embotamiento, la duda y la apatía, son verdaderas ocasiones para conocernos mejor a nosotros mismos, siempre y cuando podamos detenernos, mirar y oír o, dicho en otras palabras, siempre y cuando volvamos a los sentidos y establezcamos contacto inmediato con lo que, en todos y cada uno de los instantes, se halle presente en nuestra conciencia. Lo curioso, por más absurdo que pueda parecernos, es que baste precisamente con eso y que perfectamente podemos renunciar a todo esfuerzo para que las cosas discurran de un modo especial. Tal vez entonces nos demos cuenta de que siempre está ocurriendo algo muy especial, es decir, de que la vida siempre está desplegándose, instante tras instante, como conciencia.

Notas

  1. [1] El término significa, de hecho, «extinguido», como el fuego que se ha agotado. Cuando lo que pensamos que somos y nuestros deseos se han agotado completamente o, dicho con otras palabras, cuando dejan de surgir, eso es el nirvana.

AMATE, HAZLO AHORA

«ÁMATE, HAZLO AHORA»

No te critiques, cuando te criticas, tus cambios son negativos. Cuando te aceptas, tus cambios son positivos. Las críticas nunca cambian nada. Acéptate exactamente como eres ahora.

1. NO TE DES MIEDO A TI MISMO. Deja de asustarte con tus propios pensamientos. Esa es una manera terrible de vivir. Busca una imagen mental que te guste y sustituye tu pensamiento aterrador por una imagen de placer.

2. SÉ AMABLE Y PACIENTE CONTIGO MISMO. Sé delicado y amable contigo mismo. Ten paciencia mientras aprendes nuevas formas de pensar y cambias viejos hábitos de conducta. Trátate como si fueras alguien a quien realmente quieres.

3. SÉ AMABLE CON TU MENTE. El odio hacia uno mismo es sólo odio a los propios pensamientos. No te odies ni te hagas daño por tener esos pensamientos, ámate a ti mismo cambiándolos suavemente.

4. ELÓGIATE. La crítica destruye el espíritu y la energía interna. El elogio y la valoración lo construyen. Elógiate todo lo que puedas. Reconoce lo que estás haciendo bien en cada pequeña cosa.

5. DATE APOYO. Encuentra formas de apoyarte a ti mismo. Busca amigos y permite que te ayuden. Ser fuerte es saber pedir ayuda cuando se necesita. Aprende a pedir para que los demás puedan aprender.

6. AMA TU NEGATIVIDAD. Reconoce que la has creado para cubrir una necesidad. Ahora estás encontrando nuevas y positivas manera de cubrir estas necesidades. Por lo tanto, puedes dejar marchar, con amor, tus viejos patrones negativos.

7. CUIDA TU CUERPO. Aprende sobre nutrición. ¿Qué clase de alimentos necesita tu cuerpo para tener el máximo de energía y vitalidad? Aprende sobre ejercicio. ¿Qué clase de ejercicio puedes disfrutar? Ofrécete tiempo para descansar, aprende a relajarte física y mentalmente. Ama el templo en el que vives.

8. UTILIZA EL ESPEJO. Mira a menudo al interior de tus ojos. Expresa tu creciente sentimiento de amor hacía ti mismo mirándote en el espejo. Habla a tus padres mirándote en el espejo. Perdónales también. Al menos una vez al día dí: «Te quiero, te quiero tal como eres».

9. ÁMATE, HAZLO AHORA. No esperes a que las cosas te vayan mejor, te encuentres bien, tengas pareja, trabajo o hayas adelgazado. Empieza ahora y hazlo lo mejor que puedas.

Louise Hay.